Las redes sociales son grandes aliadas de las bibliotecas. Sirven para conectar con las comunidades, difundir servicios y acercar el conocimiento a muchas más personas. Pero los tiempos están cambiando. Algunas plataformas como X (antes Twitter), que tanto han ayudado, están perdiendo terreno debido a cambios que afectan su uso y, sobre todo, sus valores. Ante este panorama, muchas bibliotecas se están planteando nuevas alternativas como Bluesky. ¿Es hora de salir volando? ¿O todavía hay que mantenerse donde ya se tiene una comunidad consolidada?
En la lista de distribución Iwetel, Catuxa Seoane (responsable Comunicación Digital en las Bibliotecas Municipales A Coruña) abrió el debate sobre este tema y las respuestas no se hicieron esperar. La conversación giró en torno a dilemas éticos, estratégicos y prácticos. Por un lado, algunas personas defendieron la necesidad de explorar plataformas como Bluesky, que prometen entornos más abiertos y saludables. Por otro, se recordó que abandonar redes como X podría suponer perder la conexión con usuarios que solo están en esta plataforma. Este debate sacó a la luz no solo las preocupaciones sobre la evolución de las redes, sino también el papel que las bibliotecas deben jugar en este entorno digital en constante cambio.
«Nuestras reglas son: ni odio, ni intolerancia, ni desinformación», Rose Wang, directora de operaciones de Bluesky.
Las preguntas que surgieron en este debate siguen abiertas. ¿Podemos migrar a nuevas plataformas sin perder nuestra esencia? ¿Cómo equilibrar los valores éticos con la realidad de nuestras comunidades digitales? Y, sobre todo, ¿cómo asegurar que las bibliotecas siguen siendo útiles y relevantes en un entorno digital tan cambiante? En este post te acerco las principales reflexiones sobre estas cuestiones y, quizás, se puedan tomar decisiones más claras y estratégicas. Por cierto, si te quieres iniciar en Bluesky, te dejo una serie de consejos para dar tus primeros pasos y explorar esta nueva red.
El problema de X y el cambio en las redes sociales
Catuxa comenzó el debate señalando cómo X (antes Twitter), una red que durante años fue una herramienta importante para la difusión y la interacción con las comunidades, ha cambiado drásticamente. Desde la llegada de Elon Musk, las limitaciones de las funciones gratuitas, la falta de estadísticas accesibles y la creciente toxicidad del ambiente han reducido su atractivo.
Jesús Tramullas (Catedrático de Biblioteconomía y Documentación en la Universidad de Zaragoza) añadió un toque provocador al debate, comparando la permanencia en redes como X con los Acuerdos de Múnich: «Sabemos cómo acabó», insinuando que mantenernos en plataformas que contradicen nuestros valores puede tener consecuencias éticas y estratégicas. Por otro lado, Fernando Jerez (bibliotecario en la Biblioteca Pública del Centro Cívico «Río Vena» en Burgos) describió el dilema como un equilibrio entre estar donde están los usuarios y llevarlos a donde deberían estar, una problemática a la que se enfrentan muchas bibliotecas.
Otro aspecto señalado en el debate fue el impacto de la dinámica comercial de las redes sociales en la calidad de la interacción. Andrés Carrasco Solla (bibliotecario en la Biblioteca Facultade de Farmacia de la Universidade de Santiago de Compostela) mencionó que las métricas en X ya no dependen tanto de generar contenido interesante, sino de pagar por cuentas premium. Esto coincide con la percepción de Paz Fernández Fernández-Cuesta (coordinadora Grupo de trabajo de ética profesional de Sedic), quien cuestionó cómo el uso de algoritmos manipuladores afecta la credibilidad de las bibliotecas, al tiempo que apuntó a la explotación de datos por parte de la plataforma como un problema ético. Este panorama resalta la necesidad de que las bibliotecas evalúen no solo su presencia en redes, sino también el valor que estas plataformas realmente aportan a sus comunidades en términos de acceso, fiabilidad y confianza.
Bluesky: ¿una opción viable para las bibliotecas?
Bluesky, una red emergente creada por los mismos fundadores de Twitter, ha captado la atención de bibliotecarios y bibliotecarias, en parte porque promete recuperar el espíritu de los primeros días de las redes sociales. Paco López-Hernández (bibliotecario en la Biblioteca de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación de la UC3M), uno de los primeros usuarios en adoptar Bluesky, describió su experiencia como un regreso a un entorno fresco y auténtico, libre de los algoritmos y la polarización que caracterizan otras plataformas.
Sin embargo, Paco también recomendó cautela y no abandonar X de forma impulsiva. Recordó que, en las redes sociales, la euforia inicial puede ser engañosa, y abandonar una plataforma sin una transición adecuada puede poner en riesgo la conexión con nuestra comunidad.
Además, Ana Ordás (experta en estrategias lúdicas y comunicación digital para bibliotecas) planteó una cuestión interesante sobre la sostenibilidad a largo plazo de Bluesky. Aunque su protocolo abierto es prometedor, no forma parte del Fediverso ni utiliza tecnologías como ActivityPub, lo que podría limitar su capacidad de interconexión con otras plataformas descentralizadas. Este punto nos lleva a preguntarnos si Bluesky está realmente alineado con los principios de apertura y descentralización que muchas bibliotecas buscan. Sin embargo, como Catuxa señaló, su accesibilidad y facilidad de uso son aspectos que podrían facilitar la transición para instituciones con menos recursos o experiencia técnica, haciéndola una opción viable en el corto plazo mientras se sigue evaluando su evolución.
El dilema ético y estratégico
Uno de los temas más profundos del debate fue la dimensión ética de la presencia de las bibliotecas en redes sociales. Miguel Varo Ortega (bibliotecario responsable de procesos en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla) criticó duramente a X, describiéndola como «un nido de bulos, desinformación e ideologías extremas», y señaló que mantener un perfil en esta plataforma es otorgarle una legitimidad que no merece. Sin embargo, también reconoció que migrar a alternativas como Bluesky implica comenzar desde cero, lo que puede ser desalentador para muchas bibliotecas.
Catuxa resumió este dilema de manera brillante: ¿Es suficiente nuestra presencia para limpiar el aire en un entorno tóxico, o estamos arriesgando nuestra credibilidad al permanecer allí? Su reflexión plantea una pregunta necesaria sobre el papel de las bibliotecas como instituciones públicas: ¿debemos seguir a la ciudadanía allí donde esté o liderar el camino hacia espacios digitales más saludables?
Paz Fernández profundizó en este dilema al plantear una pregunta esencial:¿Qué aporta más valor a los usuarios de la biblioteca, salir de X comunicando las razones detrás de esa decisión o permanecer en la plataforma, a pesar de sus implicaciones éticas?Su reflexión señala que, además de evaluar el alcance y la interacción, las bibliotecas deben considerar cómo estas plataformas afectan su credibilidad como instituciones públicas. Permanecer en un espacio donde los datos de usuarios y bibliotecas son explotados para fines comerciales o políticos contradice los valores de neutralidad, confianza y transparencia que deben guiar a las bibliotecas. Este tipo de análisis interno no solo es estratégico, sino también una oportunidad para reafirmar el compromiso con los principios éticos que definen a la profesión.
Mastodon y el Fediverso: alternativas descentralizadas
Mastodon, parte del Fediverso, surgió como otra opción en el debate. Daniel Gil (bibliotecario en la Biblioteca Pública Episcopal del Seminari de Barcelona) y otros participantes como Ana Ordás y Pedro Lázaro (profesor del Departamento de Biblioteconomía y Documentación en Universidad Complutense de Madrid, y el cual ha publicado un post en BiblogTecarios sobre este debate) defendieron esta plataforma como una solución ética y técnicamente robusta. Con Mastodon podemos construir nuestra propia comunidad digital, argumentó Daniel, añadiendo que esta red descentralizada permite a las bibliotecas controlar su entorno y alinearse con valores de transparencia y horizontalidad.
Sin embargo, Catuxa señaló un desafío práctico: muchas bibliotecas, especialmente en España, cuentan con recursos limitados y personal reducido. No todas están en condiciones de gestionar un servidor propio, explicó, subrayando que la accesibilidad y la facilidad de uso son factores a tener en cuenta a lo hora de elegir nuevas herramientas.
Pedro Lázaro destacó que el Fediverso no solo es una alternativa técnica, sino una oportunidad para que las bibliotecas y universidades lideren con el ejemplo en la construcción de comunidades digitales sostenibles. Señaló cómo instituciones internacionales como el CWTS (Centre for Science and Technology Studies) ya han implementado instancias propias de Mastodon, lo que refuerza la idea de que las bibliotecas podrían seguir un camino similar. Además, imaginó iniciativas como rebiun.social o bibliotecas.social, que agruparían a instituciones bajo un enfoque federado y ético. Estas propuestas subrayan que Mastodon no solo representa una herramienta, sino un cambio de paradigma que devolvería a las bibliotecas el control sobre su entorno digital, alineándose plenamente con los valores de transparencia y acceso abierto.
Lecciones del debate
La conversación en Iwetel deja claro que no hay una respuesta única o sencilla al dilema de las redes sociales en las bibliotecas. Sin embargo, hay varias lecciones importantes que se pueden extraer:
- Estrategias híbridas: Como sugirieron Paco López y Fernando Jerez, las bibliotecas deben mantener su presencia en redes consolidadas mientras exploran y construyen comunidades en plataformas emergentes como Bluesky o Mastodon.
- Liderazgo ético: Las bibliotecas tienen la responsabilidad de ser referentes en el ecosistema digital, eligiendo plataformas que promuevan valores de transparencia, inclusión y respeto.
- Adaptabilidad tecnológica: Aunque las redes descentralizadas como Mastodon ofrecen ventajas éticas, es fundamental garantizar que estas herramientas sean accesibles y prácticas para bibliotecas con diferentes niveles de recursos.
- El medio es el mensaje: Como señaló Pedro Lázaro al citar la Declaración de Barcelona, las plataformas que elegimos deben reflejar nuestros valores. No se trata solo de estar presentes, sino de ser coherentes con la misión y los principios de las bibliotecas.
- Construcción de comunidades en red: Como destacó Andrés Carrasco, las bibliotecas tienen la oportunidad de fomentar espacios digitales que promuevan diversidad y pluralidad, incluso si esto significa replantear nuestras métricas de éxito. En lugar de medir únicamente el alcance o la visibilidad, se sugiere valorar la calidad de las interacciones y el impacto en comunidades específicas. Este enfoque refuerza la idea de que las bibliotecas no deben replicar dinámicas comerciales, sino liderar con un modelo más ético y sostenible.
- Colaboración institucional: Ana Ordás y Pedro Lázaro coincidieron en que las universidades y bibliotecas podrían unirse para implementar soluciones descentralizadas como Mastodon en instancias compartidas. La colaboración no solo reduciría costes y barreras técnicas, sino que también permitiría fortalecer las redes bibliotecarias, creando un ecosistema bibliotecario digital más conectado y coherente con los principios de acceso abierto.
- Reflexión constante sobre valores: Paz Fernández recordó que las decisiones sobre plataformas digitales deben partir de un análisis profundo de cómo estas reflejan los valores éticos de la institución. Esto implica cuestionar si la permanencia en redes como X beneficia a los usuarios y profesionales de las bibliotecas o si, por el contrario, erosiona la credibilidad y los principios de la institución.
Mi posicionamiento: Bluesky como puente hacia el futuro
Tras analizar las reflexiones compartidas en Iwetel, considero que Bluesky representa una oportunidad interesante para las bibliotecas, pero su adopción debe ser estratégica y gradual. Su diseño accesible y su comunidad emergente ofrecen un entorno que parece haber calado con los valores bibliotecarios: accesibilidad, transparencia y colaboración. Sin embargo, su éxito dependerá de cómo evolucione y de la capacidad de las bibliotecas para guiar a sus comunidades hacia este nuevo espacio.
Propongo una estrategia híbrida: mantener la presencia en redes consolidadas, donde ya se tienen audiencias relevantes, mientras comenzamos a explorar Bluesky como una interesante alternativa. Esto permite conectar con los usuarios actuales sin perder de vista el objetivo de liderar el cambio hacia entornos digitales más saludables.
Es importante que esta transición no se limite a la apertura de cuentas en nuevas plataformas. Debemos construir comunidades activas, guiando a los usuarios y explicando los valores que justifican este movimiento. Además, como señala Ana Ordás, es fundamental evaluar la sostenibilidad de Bluesky y considerar otras opciones como Mastodon si buscamos un enfoque más descentralizado y alineado con los valores éticos de las bibliotecas.
Para finalizar, Bluesky puede ser el puente hacia un ecosistema digital bibliotecario más ético y participativo, pero el éxito dependerá de cómo equilibremos nuestra misión institucional con las demandas del entorno digital. Las bibliotecas tienen la oportunidad de liderar este cambio, demostrando que la tecnología puede ser utilizada para promover la transparencia, la inclusión y el acceso al conocimiento. La clave está en avanzar con propósito, manteniendo siempre como prioridad las necesidades de nuestras comunidades.

Vivimos en un mundo digital que se mueve con una velocidad asombrosa, en el que la información se multiplica y diversifica a cada instante. Las bibliotecas, como instituciones clave para el acceso al conocimiento, no pueden permanecer ajenas a esta transformación. Ahora bien, ¿cómo se adaptan las bibliotecas al acelerado flujo digital? ¿Es posible que logren superar el impacto de los algoritmos y su predominio en la selección de contenidos? Y, en este contexto, ¿sigue siendo el microblogging un espacio relevante para conectar con nuestras comunidades?
La respuesta radica en la capacidad de las bibliotecas para reinventarse y consolidarse como un faro en este océano digital. Lejos de competir con el algoritmo, debemos centrarnos en nuestro valor diferencial: la curaduría intencionada, el acceso inclusivo y el estímulo del pensamiento crítico. Las herramientas digitales, incluido el microblogging, pueden ser aliadas estratégicas si se utilizan con creatividad y propósito. Debemos verlas como puentes para acercar a las comunidades a recursos de calidad, generar conversaciones significativas y reafirmar la vigencia de las bibliotecas como espacios de encuentro y aprendizaje en la era digital.
¡Hola, Fernando Gabriel! Tienes toda la razón, el mundo digital avanza rápido y las bibliotecas deben adaptarse. Su fortaleza está en ser guías en medio del exceso de información, con curaduría intencionada y acceso inclusivo. El microblogging sigue siendo una herramienta importante para conectar con las comunidades, difundir recursos y generar conversaciones que refuercen el papel de las bibliotecas como espacios de aprendizaje y pensamiento crítico. No se trata de competir con los algoritmos, sino de usarlos a nuestro favor para ampliar nuestro impacto. ¡Gracias por tu reflexión! :)