¿Qué harías por las bibliotecas si te diesen un cheque en blanco?

//¿Qué harías por las bibliotecas si te diesen un cheque en blanco?

¿Qué harías por las bibliotecas si te diesen un cheque en blanco?

Poneros en situación. Una organización lanza un concurso público en el cual va a premiar los mejores proyectos e iniciativas que tengan que ver con las bibliotecas, y su comunidad de usuarios, con hasta 3 millones de dólares. ¿Qué pensarías sobre esto? A) Eso es imposible, deja de soñar. B) Seguro que hay gato encerrado. C) Es hora de ponerse a trabajar en una idea / proyecto, sin duda.

Pues esta situación es 100% real. La Knight Foundation lanzó el pasado mes de febrero su segunda convocatoria (la primera la hizo en 2014/2015) con el objetivo de premiar los proyectos e ideas innovadoras que tuviesen que ver con las bibliotecas (en EE.UU.) y que respondiesen a la pregunta ¿Cómo pueden las bibliotecas ayudar en las necesidades de información del siglo XXI?

En total se presentaron 614 ideas, de las cuales pasaron a la parte final 51 y solamente 14 fueron las ganadoras. En esta ocasión no se llegaron a repartir los 3 millones de dólares como sucedió en la primero edición, sino que solamente se dieron 1,6 millones… quizás no todos los proyectos estaban a la altura de lo que el jurado esperaba, pero la verdad es que no está nada mal.

Y es que no son muchas las organizaciones (empresas, asociaciones, fundaciones…) que apuestan por las bibliotecas en términos económicos, así que lo mucho o poco que den para ellas es dinero en proyectos muy bien recibido (y aprovechado). Sin duda que esta es una gran iniciativa a tener en cuenta, a difundir (por si cunde el ejemplo) y a aplaudir.

Proyectos ganadores del “2016 Knight News Challenge on Libraries”

TeleStory: Biblioteca basada en visitas por vídeo para niños con padres encarcelados. (393.249$ – Nicholas Higgins, Odette Larroche-Garcia, Nick Franklin y Story Bellows). Aumentar la alfabetización infantil a través de servicios de video historias temporales y servicio de visita para niños con padres encarcelados en el espacio de confianza de las bibliotecas públicas.

Visualización de financiación filantrópica para bibliotecas. (300.000$ – Amanda Dillon y Kate Tkacik). Ayudar a las bibliotecas a encontrar oportunidades de financiación, aumentar la comprensión de las fuentes de financiación, y realizar un seguimiento de las tendencias de financiación a través de una herramienta de visualización de datos de formación y creación de capacidades.

Mejorar el acceso al conocimiento y capacitar a los ciudadanos: Amplificar bibliotecas y comunidades a través de Wikipedia. (250.000$ – Sharon Streams y Merrilee Proffitt). Hacer que los recursos de la biblioteca sean más accesibles a los editores de Wikipedia y que participen los bibliotecarios como contribuyentes a Wikipedia a través de un programa nacional de formación que incluirá extensión a la comunidad para aumentar la alfabetización en información local.

Nuestra historia: contenido, colecciones e impacto en la América rural. (222.245$ -Jon Voss y Emily Gore). Permite a las bibliotecas que muestran su impacto en el bienestar comunitario mediante la medición de los efectos de la biblioteca dirigida por la historia pública, la narración y programas de patrimonio cultural local en tres comunidades rurales de América.

Narradores sin fronteras: La activación de la nueva generación de periodistas comunitarios a través del compromiso bibliotecario. (150.000$ – Jo Giudice y Tom Huang). Los estudiantes de secundaria ayudan a conectar la Biblioteca Pública de Dallas a través de un curso de formación sobre medios digitales y periodismo que desarrolla habilidades y ayuda a que crezca la conciencia de la comunidad.

Otros proyectos / ideas premiadas con 35.000$ tienen que ver con la creación de mapas históricos para contar historias, crowdsourcing basado en la conexión de socios con expertos, extensión digital de bibliotecas para conectar con la comunidad local, conectar colecciones de las bibliotecas con artistas locales, preservación y acceso a datos, archivos digitales, alfabetización, creación de contenidos locales para la radiodifusión y hacer los materiales audiovisuales de la biblioteca más accesibles / localizables en sus búsquedas.

Imagen superior cortesía de Shutterstock

Por | 2018-02-02T11:32:37+00:00 septiembre 13th, 2016|biblioteca|3 Comentarios

About the autor:

Community Manager de Baratz-Servicios de Teledocumentación, donde me encargo de la gestión, comunicación y dinamización de los medios sociales de la empresa así como de buscar nuevas líneas de comunicación y participación. Escritor del libro: Plan Social Media y Community Manager y del Informe APEI: Bibliotecas ante el siglo XXI: nuevos medios y caminos. Creador de RecBib - Recursos Bibliotecarios, de BiblogTecarios y de InfoTecarios. Profesor en temas relacionados con social media, community manager y bibliotecas. Estoy diplomado en Biblioteconomía y Documentación y licenciado en Documentación por la Universidad Carlos III de Madrid, además de especializado en Dirección de Comunicación e Imagen corporativa por la UOC. Profesor en la UPF y profesor colaborador en la UOC. Colaborador de la Revista Desiderata.

3 Comentarios

  1. Ignacio Nachimowicz 13 septiembre, 2016 en 16:50 - Responder

    Creo que la respuesta a esa pregunta no puede estar desconectada de la realidad y traducir simplemente un deseo peregrino de alguien. Todo proyecto que se formule para una nueva organización de algo, debe, de forma insoslayable, apuntar al futuro, pues el pasado ya pasó, el presente ya es pasado y sólo nos queda el futuro.
    Y el futuro en las comunicaciones, lecturas, informes, contabilidades, y todo aquello de lo que deba quedar algún registro pasa por lo digital.
    Lo digital es eterno, no se deteriora, tiene posibilidad de ser modificado, enmendado, mejorado. No junta polvo, no lo ataca la carcoma, no ocupa espacio (fundamental), es mucho más legible y fácil de entender.
    Además es sobradamente más ecológico, pues no hay que talar bosques para emplearlo.
    Presenta, sin embargo, un solo problema: afecta intereses que se remontan a, tal vez, varios miles de años.
    El papiro, el pergamino y por fin, el papel. Desde la última revolución que sufrió el hecho de escribir que fue la invención de la imprenta de tipos movibles, gracias al ingenio y creatividad de nuestro nunca bien ponderado Juan Gutenberg, la industria editorial ha generado un polo de inversión y desarrollo que convoca a millones de personas. Desde el talado de bosques hasta el librero, desde el cuaderno o libreta de apuntes hasta la ímproba tarea del bibliotecario, todos viven y trabajan al amparo de un componente fundamental: el papel
    Pues bien, el futuro ya llegó y todo lo que se puede hacer con papel (menos el sanitario o el de envoltorio) puede hacerse sobre plataformas digitales.
    Y aquí es donde chocan los intereses. Al igual de lo que ocurre con la industria del tabaco. Los intereses de la industria por sobre la conveniencia de la gente.
    Hecho este introito, paso a desarrollar mi idea acerca de cómo debería ser el futuro no solo de las bibliotecas, sino de la lectura en general.
    Todas las bibliotecas deben digitalizar sus contenidos. Deben usarse los escáneres especiales que usa Google para ese trabajo, y no cejar hasta que última obra, documento o contenido que se halla sobre papel, pase al terreno binario.
    Hecho esto, todas las bibliotecas regionales o provinciales deben establecer redes comunes entre sí para el libre acceso a sus contenidos.
    El próximo paso es la conexión nacional de todas las redes provinciales, de modo tal que todas las bibliotecas nacionales puedan ser abordadas por sus habitantes con la celeridad y libertad conque los tiempos actuales lo exigen.
    El siguiente escalón es la interconexión entre países, con libre acceso a sus contenidos, sea en el idioma que sea, pero con todos sus contenidos a disposición. Queda de esta manera conformada la tan mentada “aldea global”, en la cual las fronteras territoriales no afectan al conocimiento.
    Nada de lo que aquí se propone, debe afectar en modo alguno los derechos de propiedad intelectual de las obras ni el trabajo de los bibliotecarios.
    Los derechos de autor deben ser respetados del mismo modo que lo son ahora, y tal vez, más eficientemente, pues el bibliotecario, ademas de actuar como orientador y ordenador de todo el sistema, debería actuar como agente de percepción de los copyright debidos, y su liquidación posterior al autor o a la autoridad de aplicación. Todas las operaciones deberían ser digitales, de modo tal que el dinero en efectivo no circularía en ninguna de estas transacciones, evitando así la tentación de cometer algún delito.
    Más aún, cualquier biblioteca, reputada por sus contenidos, podría cobrar el acceso a los mismos, proveyendo de este modo a un novedoso método de mantenimiento de sus estructura como a la incorporación de nuevos contenidos que puedan ser más costosos.
    Lo importante de todo este planteo, es que, prácticamente, no se altera para nada la forma de funcionar actual de la industria editorial y todos sus derivados.
    Lo fundamental es el soporte en el cual se presentan todos los contenidos. Significa, fundamentalmente, que la gente no debería trasladarse a edificios vetustos, a consultar libros envejecidos, o a destinar en su casa ingente espacio para acumular literatura.
    Estos cambios, que todos intuimos como inminentes, son retrasados
    interesadamente por los actuales actores de todo este negocio.
    Si realmente nos adelantamos a estos retrasos y hacemos que el futuro se presente cuanto antes, preparamos el terreno para nuevos avances y abrimos nuestras mentes (sin afectar nuestros bolsillos)
    para lo que viene, que sin duda va a ser sorprendente.
    Ignacio Nachimowicz
    eleuteria56@gmail.com

  2. ¿Qué harías por las biblio... 25 septiembre, 2016 en 3:04 - Responder

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