Hace más de 100 años, al personal bibliotecario se le exigía tener una caligrafía impecable al escribir las fichas catalográficas. A finales del siglo XIX, surgió la necesidad de estandarizar la escritura a mano para garantizar claridad y uniformidad de los catálogos, facilitando así la organización y accesibilidad de los recursos. Para lograrlo, se creó una tipografía específica que el personal bibliotecario debía practicar y utilizar en sus funciones de catalogación.

Melvil Dewey mostró un especial interés en normalizar la tipografía utilizada en los catálogos de las bibliotecas. Seguramente su nombre te suene familiar, ya que también desarrolló el sistema de Clasificación Decimal Dewey, uno de los más utilizados en bibliotecas de todo el mundo. Como ferviente defensor de la eficiencia y la uniformidad, Dewey creía que una escritura estandarizada mejoraría significativamente la organización y el servicio en las bibliotecas. Su objetivo era claro: garantizar que cualquier persona pudiera leer y entender fácilmente las anotaciones y catálogos, sin importar quién los hubiera escrito.

A finales del siglo XIX, las bibliotecas crecieron mucho en colecciones y visitas, lo que hizo necesario un sistema de organización más eficiente. Dewey, junto a otros profesionales del sector bibliotecario, notó que las diferentes caligrafías del personal podrían causar confusión y errores en los catálogos y registros. Así surgió la idea de un estilo de escritura uniforme. Las letras debían ser del mismo tamaño, sin adornos, para facilitar la lectura y evitar errores. Se promovía un espaciado regular entre letras y palabras, garantizando claridad y orden en los documentos. Se preferían las letras de imprenta sobre la cursiva, ya que eran más fáciles de leer y menos confusas.

«La cuestión de la escritura en las bibliotecas es muy práctica y estoy realizando una serie de experimentos para averiguar cuál es la más legible en las fichas catalográficas para el lector medio en circunstancias normales», Melvin Dewey.

Fuente: Papers and proceedings – ALA 1885

Reglas básicas de hace más de 100 años para mejorar la caligrafía entre el personal bibliotecario

Aunque la escritura a mano fue reemplazada por tecnologías de mecanografía y, más tarde, por sistemas digitales, su impacto en la estandarización y profesionalización de la gestión bibliotecaria fue destacado. De hecho, era una práctica esencial en las escuelas de Biblioteconomía, donde se enseñaban las siguientes reglas básicas para lograr una buena caligrafía y la correcta utilización de materiales de escritura específicos. Por cierto, reglas que se pueden consultar en el libro: Library handwriting; a guide for the use of students in the New York State Library.

  1. Tinta. Utilice sólo tinta estándar de biblioteca y déjela secar sin secarla.
  2. Posición. Siéntese derecho en el escritorio y lo más erguido posible.
  3. Alfabetos. Siga las formas manuales de la biblioteca para todas las letras, evitando cualquier adorno, floritura o línea que no sea esencial para la letra.
  4. Tamaño. Las letras minúsculas, tomando la m como unidad, tienen un espacio o dos milímetros de altura; es decir, un tercio de la distancia entre las reglas de la tarjeta de catálogo estándar. Las mayúsculas y las letras alargadas tienen una altura de dos espacios por encima de la línea base o un espacio por debajo, excepto la t, el carácter & y las cifras, que tienen una altura de un espacio y medio.
  5. Inclinación. Las letras se colocan en posición vertical con la menor inclinación posible y de manera uniforme, prefiriendo una ligera inclinación hacia atrás que hacia delante.
  6. Espaciado. Separe las palabras con un espacio de una m y las frases con dos m. Deje un espacio uniforme entre las letras de una palabra.
  7. Sombreado. Trazar una línea negra uniforme sin sombreado. Evite los trazos gruesos.
  8. Uniformidad. Esmérese en que toda la escritura sea uniforme en tamaño, inclinación, espaciado, negrura de las líneas y forma de las letras.
  9. Letras y figuras especiales. Tanto en las letras unidas como en las que no lo están, ponga el punto sobre la i y la t con precisión para evitar confusiones.

Prácticas de caligrafía para trabajar en una biblioteca de principios del siglo XX

Escritura unida. Une todas las letras de una palabra en una sola imagen. Completa cada letra; por ejemplo, no dejes espacio entre el cuerpo y el tallo de la b y la d, lleva el lazo de la f hasta el tallo, etc.

Evita inclinar la r y la s de forma diferente a las demás letras. Deben tener una altura de poco más de un espacio. La p minúscula se hace como en imprenta, y no se extiende por encima de la línea como en la escritura ordinaria.

Escritura desunida. Evite todas las curvas innecesarias. Los principales trazos descendentes en b, d, f, h, i, j, k, l, m, n, p, q, r, t, u, y la primera línea en e, deben ser rectos.

Tipografía bibliotecas siglo pasado

Escribe todas las letras minúsculas, excepto f, i, j, k, t, x e y, sin levantar el bolígrafo del papel.

Haz la g y la Q de un solo trazo, moviéndote de izquierda a derecha como las manecillas de un reloj. Empieza por la línea.

Presta especial atención a la letra r, ya que si no se hace con cuidado se confunde fácilmente con la v o la y.

Haz la parte superior de B, R y S un poco más pequeña que la inferior.

Figuras. Haga todas las figuras sin levantar el bolígrafo. Comience 4 con la línea horizontal. Haga la parte superior de 3 y 8 más pequeña que la parte inferior; 8 se hace mejor comenzando en el centro.

Más información y fuentes: Atlas Obscura | BookRiot | Project Gutenberg |