Desinformación, información errónea y malinformación no son lo mismo. Vivimos rodeados de mensajes que llegan a toda velocidad: en redes, en chats y en titulares breves. En ese ruido es fácil confundirse. Por eso es útil poner nombre a cada cosa y saber identificarla. El Gobierno de España ha publicado un artículo que explica estas diferencias y ofrece un vocabulario básico para moverse con seguridad. La idea es sencilla: comprender bien el mapa terminológico para tomar mejores decisiones. Por cierto, el diagrama oficial que acompaña la guía es perfecto para trabajar en bibliotecas, aulas y comunidades.

Para orientarnos conviene fijarse en dos preguntas: ¿el contenido es falso? y ¿existe intención de dañar? Cuando se combinan ambas, estamos ante una desinformación. Si hay falsedad sin mala fe, hablamos de información errónea, un fallo que se corrige con verificación. Y cuando se usan datos ciertos para perjudicar a alguien o sembrar desconfianza, entramos en la malinformación. El artículo lo explica con un cruce entre «falsedad» y «mala intención».

Esto no va solo de «noticias falsas». Es un fenómeno complejo que emplea técnicas variadas: desde mensajes emocionales y contenidos virales hasta automatización y, cada vez más, apoyo de la inteligencia artificial. También circula en memes, vídeos cortos y audios reenviados. Por eso, además del diagrama, el artículo reúne una serie de términos que conviene tener a mano y que más abajo reúno en un listado. El objetivo es claro: dar a la gente criterios para reconocer desinformación, corregir errores cuando los haya y evitar daños innecesarios.

Qué es cada cosa

Desinformación

Es cuando alguien difunde contenido falso o engañoso de forma intencional para confundir, manipular o influir en nuestras decisiones. Hay voluntad de causar impacto. Suele buscar crear dudas, polarizar o empujar a la gente hacia una idea o comportamiento. En inglés se conoce como disinformation.

Información errónea

Es contenido falso o inexacto que se comparte sin querer engañar. Puede deberse a prisas, descuidos o sesgos. No hay plan para manipular, pero el daño existe porque se multiplica rápido y puede asentarse como «verdad» si nadie lo corrige. Se suele llamar misinformation.

Malinformación

Aquí la clave es otra. La información puede ser verdadera, pero se usa para hacer daño. Por ejemplo, difundir datos privados, sacar de contexto mensajes antiguos o publicar filtraciones no verificadas para desprestigiar a alguien. En inglés, malinformation.

Bulo

Mensaje falso que circula con rapidez, a menudo en redes y apps de mensajería, presentado como alerta, primicia o consejo. Suele carecer de fuentes verificables, incluir capturas o audios anónimos y pedir que se comparta «antes de que lo borren». Un bulo puede formar parte de la desinformación si hay intención de manipular; si se comparte por error encaja como información errónea. La pauta práctica es clara: no reenviar sin verificar.

Diferencias rápidas entre desinformación, información errónea y malinformación

  • Falso y con mala intención: desinformación.
  • Falso y sin mala intención: información errónea.
  • Verdadero usado para dañar: malinformación.

Piensa en el diagrama de la imagen: la desinformación está justo donde coinciden falsedad e intención de perjudicar. La información errónea se queda en el lado de la falsedad sin engaño. La malinformación se ubica en el lado de la mala intención, aunque parta de datos reales.

16 términos para entender la desinformación

El artículo publicado desde el Gobierno de España reúne conceptos que encontrarás a menudo sobre la desinformación. Aquí tienes un resumen práctico para tener a mano, tanto en casa como en tu biblioteca o centro educativo.

  1. Verificación (fact-checking): comprobar datos, fuentes e identidad del emisor.
  2. Debunking: desmontar una falsedad con evidencias y explicar por qué lo es.
  3. Prebunking: prevenir la trampa antes de que circule, explicando técnicas comunes de manipulación.
  4. Alfabetización mediática: capacidad para evaluar críticamente lo que vemos y crear contenidos responsables.
  5. Manipulación informativa / FIMI: prácticas para distorsionar conversaciones y opiniones; el término FIMI recoge la interferencia y manipulación informativa, a menudo no ilegal, pero sí intencional.
  6. Bots y granjas de bots: programas que publican y amplifican mensajes de forma automática y masiva.
  7. Trol: persona que provoca, polariza o acosa para boicotear conversaciones, a veces de forma coordinada.
  8. Deepfake: imagen, vídeo o audio generado o alterado con IA para suplantar o inventar hechos.
  9. Cámara de eco: entorno donde solo circulan ideas afines y se refuerzan sin contraste externo.
  10. Luz de gas (gaslighting): técnica para que alguien dude de su propia percepción mediante mentiras reiteradas.
  11. Polarización: división en bandos enfrentados que dificulta el diálogo y favorece mensajes extremos.
  12. Pseudomedio: sitio que imita a un medio periodístico sin cumplir estándares profesionales.
  13. Discurso de odio: mensajes que atacan a personas o grupos por su identidad.
  14. TTP y marcos DISARM: tácticas, técnicas y procedimientos usados en campañas de manipulación, con catálogos que describen cómo responder.
  15. Amenazas híbridas: acciones coordinadas que mezclan ciberataques, manipulación informativa y otras palancas.
  16. Influencia e injerencia extranjera: la primera es abierta y legítima; la segunda es encubierta y coercitiva con fines políticos.

Por qué esto importa a bibliotecas y centros de información

Las bibliotecas son espacios de confianza. Ayudan a las personas a aprender a aprender. Incluir esta guía en sesiones de alfabetización informacional, clubes de lectura o actividades con familias puede marcar la diferencia. No hace falta un gran plan para empezar. Con la imagen del diagrama, el listado de términos y tres o cuatro ejemplos cotidianos se puede abrir una conversación clara y útil.

Además, trabajar estos temas reduce la exposición a engaños y mejora la convivencia. Menos discusiones mal informadas, menos cadenas de bulos en grupos familiares y más criterio a la hora de compartir. Si gestionas redes sociales, define un pequeño protocolo para verificar, corregir y explicar. La transparencia y la rapidez generan confianza.

El artículo publicado desde el gobierno ofrece, además, enlaces para profundizar y conocer el marco europeo y nacional que impulsa la respuesta democrática ante estas campañas. Sumar bibliotecas, escuelas y asociaciones a esa tarea fortalece, sin duda, a toda la comunidad.