Año 2000. Se estrena la película X-Men. La cuestión no es baladí: la gran factoría de cómics Marvel, una potencia histórica en esto de los superhéroes, no había conseguido durante décadas plasmar su enorme atractivo argumental en el cine. Y, esta vez, se proponía, nada más y nada menos, que llevar a la pantalla a uno de sus productos fetiche: la Patrulla X (así es como los hemos conocido, de toda la vida, en España).

Para dicho reto, esta vez se presentaba con un realizador solvente. Bryan Singer había dirigido, unos años antes, la aclamada Sospechosos Habituales. Aún así, y especialmente viendo algunos precedentes que la compañía de Stan Lee preferiría olvidar, los amantes de las viñetas sobre atormentados héroes acudían a la cita con cierto escepticismo. 

Se acabó lo de la Serie B

X-Men fue un éxito y representó un revulsivo para desencadenar una nueva etapa en el cine de cómics de superhéroes. Este acontecimiento fue una muy buena noticia para Marvel, ya que sus aproximaciones anteriores habían sido auténticos fracasos (a excepción de alguna producción sobre Blade u otros personajes secundarios). Merece la pena destacar un subproducto creado en 1990 sobre el Capitán América. Auténtica serie B.

A DC le había ido algo mejor (a rachas). El Superman de 1978, protagonizado por Christopher Reeve, resulta icónico; no obstante, las secuelas fueron a menos, hasta una cuarta entrega completamente disparatada. El Batman de Tim Burton, en 1989, también sobresalió y representaba una aproximación única y con cierto éxito; pero lo que llegó en la siguiente década acabó con la magia del hombre murciélago. 

Marvel sacaba pecho de su nueva etapa y, tras X-Men, le tocaba el turno en 2002 a la revisión cinematográfica de uno de sus héroes insignia: Spider-Man. De la mano de Sam Reimi, la industria del celuloide parecía, por fin, decidida a sacar partido de unos personajes y tramas argumentales que llegaban con más de la mitad del trabajo hecho (eran conocidos y presentaban un universo creativo extenso e interesante).    

De producto residual a verdadero Blockbuster

En 2005 llegaría una interesante adaptación de Los 4 Fantásticos. Pero el auténtico inicio de los “Blockbusters” de Marvel se presentaba en 2008, con Iron Man. El filón del MCU, con producciones posteriores sobre Capitán América, Thor, Guardianes de la Galaxia y Vengadores en la gran pantalla, había cambiado la forma de disfrutar del cine acción basado en los superhéroes. 

¿Y a la competencia cómo le iba? Bueno, la trilogía de Batman de Nolan (entre 2005 y 2012) fue merecidamente aclamada. DC estaba perdiendo la batalla de la taquilla, pero también había dado el gran paso que le separaba de la producción nefasta a la creación brillante y reconocida. En estos momentos ya no había marcha atrás; los espectadores esperaban mucho de este género cinematográfico. 

De hecho, la masa de aficionados creció sustancialmente durante esos años. A las salas ya no sólo acudían los fanáticos de los cómics; ahora, el público era más amplio. El merchandising de héroes se multiplicó. Las Vegas, famosa principalmente por ser la ciudad de los grandes espectáculos y los juegos que ahora también se encuentran en casinos en internet, pasó a ser más conocida como la sede del concurrido y anhelado Comic-Con.    

¿Tendrá techo este fenómeno?

Más de un lector pensará en uno de los grandes riesgos que corre esta industria: la sobreproducción. ¿Es esto lo que ocurre en el presente? Las críticas de la última película de Capitán América (Brave New World) han sido feroces. Y la valoración, muy modesta. Pero bueno, peor les fue a las recientes Madame Web y a Morbius. DC respira algo más tranquilo con la recepción que ha tenido su nuevo Superman de James Gunn. 

Pero parece inevitable pensar que la ola está bajando. Tal vez se trate de una saturación de películas sobre superhéroes (o, más bien, de superproducciones sobre superhéroes). Quizás se ha perdido la frescura y la sorpresa inicial. O, por verlo de una manera más simple, el espectador ya se pierde entre tramas sobre multiversos, saltos temporales y “crossovers”.  Eso sí, para el que se atreva a ponerse nostálgico y pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, le recomendamos un visionado de, por ejemplo, el Fantastic Four de 1994. Se le pasará rápido y abrazará con entusiasmo hasta el más denostado de los productos actuales.