Studio Ghibli ha sido distinguido con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026 por una trayectoria que ha convertido la animación en una forma de comunicación universal. El jurado ha reconocido al estudio japonés por su capacidad para transformar la creatividad, la imaginación y la sensibilidad en historias capaces de emocionar a públicos de distintas edades, países y culturas. Sus películas han cruzado fronteras sin renunciar a una mirada profundamente humana, marcada por el respeto a la naturaleza, la amistad, la empatía y la belleza de lo cotidiano.
El acta del jurado destaca que Studio Ghibli ha transformado «excepcionalmente la creatividad en conocimiento y comunicación» a través de un proceso artesanal de gran imaginación. También subraya la presencia de valores humanistas en sus obras, como la tolerancia, la amistad y el respeto por las personas y por el entorno natural. No es difícil entender este reconocimiento al pensar en la huella que han dejado películas como Mi vecino Totoro, La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro o El chico y la garza, obras que han demostrado que la animación puede ser una herramienta poderosa para contar el mundo.
Este premio mira también hacia una forma de narrar que ha marcado a generaciones enteras sin perder delicadeza ni profundidad. Ghibli ha construido mundos capaces de hablar de la infancia, los cuidados, los miedos, la memoria, la pérdida y la esperanza desde una sensibilidad muy reconocible. Quizá por eso sus historias siguen encontrando nuevos espectadores y continúan recordándonos que la imaginación, cuando está al servicio de la emoción y del pensamiento, puede convertirse en una manera extraordinaria de comunicar.
La fuerza de una animación hecha con paciencia
Studio Ghibli nació en 1985 de la mano de Hayao Miyazaki, Isao Takahata y Toshio Suzuki. La Fundación Princesa de Asturias sitúa sus orígenes en la colaboración entre Miyazaki y Takahata en Nausicaä del Valle del Viento, película basada en un manga del propio Miyazaki. El éxito de aquella obra abrió el camino a la creación del estudio con el apoyo de Suzuki.
Desde entonces, una de sus señas de identidad ha sido el cuidado artesanal. La Fundación destaca su estilo tradicional, con dibujos hechos a mano, pinturas acrílicas y acuarelas. Ese modo de trabajar no es un simple detalle técnico. Se aprecia en la textura de sus imágenes, en la expresividad de los personajes y en esa calma tan propia de muchas escenas. En el cine de Ghibli, una casa, una comida o una ráfaga de viento pueden tener tanto peso como una gran aventura.
Películas que ya forman parte de la memoria colectiva
La trayectoria del estudio está atravesada por títulos que hoy resultan imprescindibles para entender la animación contemporánea. Entre las películas señaladas por la Fundación aparecen El castillo en el cielo, Mi vecino Totoro, Nicky, la aprendiz de bruja y Porco Rosso. Son obras diferentes entre sí, pero comparten una manera de mirar que no trata al público infantil como un espectador menor ni al adulto como alguien incapaz de emocionarse con la fantasía.
El reconocimiento internacional llegó con especial fuerza con La princesa Mononoke, primera película de animación en ganar el Premio de la Academia del Cine Japonés. Después llegó El viaje de Chihiro, considerada por la Fundación como la obra cumbre del estudio y de la carrera de Hayao Miyazaki. Esta película obtuvo, entre otros galardones, el Oso de Oro en el Festival de Berlín y el Óscar a la mejor película de animación.
La lista continúa con El castillo ambulante, Ponyo en el acantilado, Arrietty y el mundo de los diminutos, El viento se levanta, El recuerdo de Marnie y Earwig y la bruja. En 2023, Miyazaki volvió a la dirección con El chico y la garza, una película que recibió el elogio de la crítica y que dio al estudio su segundo Óscar.
Un puente cultural desde Japón hacia el mundo
El premio también reconoce la capacidad de Studio Ghibli para crear un puente cultural entre personas de distintos orígenes. Sus películas nacen de una sensibilidad muy vinculada a Japón, pero sus preguntas viajan con facilidad. Qué significa crecer, cómo convivimos con la naturaleza, qué hacemos con la memoria o de qué manera cuidamos a quienes nos rodean son cuestiones que cualquier espectador puede reconocer.
Otra particularidad señalada por la Fundación es la fuerza de sus protagonistas femeninas, destacadas por su valentía, complejidad y capacidad de transformación. En muchas de sus historias, niñas y jóvenes no aparecen como figuras secundarias, sino como personajes que sostienen el viaje, dudan, aprenden y toman decisiones. Esa mirada ha ayudado a que sus películas sigan siendo leídas desde sensibilidades actuales sin perder el encanto con el que fueron creadas.
El Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026 reconoce, en definitiva, una obra que ha unido arte, imaginación y pensamiento. Studio Ghibli ha demostrado que la animación puede emocionar, pero también puede abrir conversaciones, despertar preguntas y dejar una huella que perdure en el tiempo. En un mundo lleno de ruido, sus películas siguen invitando a mirar con más atención, a cuidar lo pequeño y a recordar que la cultura también se construye desde la ternura.
Fuentes y más información: Fundación Princesa de Asturias |

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