Recientes estudios en Alemania han revelado una realidad alarmante en sus bibliotecas: existen miles de libros con arsénico. No se trata de un acto vandálico, sino de una costumbre decorativa de libros antiguos. El arsénico, hallado sobre todo en libros del siglo XIX de color verde, representa un riesgo importante para la salud de quienes los manejan.

La preocupación por los libros envenenados comenzó tras la publicación de una guía de la Kommission Bestandserhaltung (Comisión de Preservación de Colecciones) del Deutscher Bibliotheksverband e.V. (Asociación de Bibliotecas Alemanas). Esta guía revelaba la presencia de arsénico en ciertos pigmentos de los libros. A partir de ahí, bibliotecas de toda Alemania revisaron detenidamente sus colecciones. Sobre todo, bibliotecas universitarias informaron sobre la posible contaminación, realizando inspecciones y hasta cierres temporales. El hallazgo de arsénico en la tinta utilizada en algunos libros ha desatado una gran alarma.

En febrero de 2024, como medida de precaución y de forma temporal, la biblioteca de la Universidad de Bielefeld retiró de su colección libros que pudieran estar contaminados con arsénico para poder examinarlos. Otras bibliotecas, incluidas las universitarias de Siegen, Duisburg-Essen y Kiel, así como las bibliotecas universitarias y estatales de Bonn y Düsseldorf, también están controlando sus fondos para detectar contaminación por arsénico.

Fuente: Deutscher Bibliotheksverband e.V.

El riesgo que representan estos libros envenenados no es nuevo para la ciencia, pero sí para el público. En el siglo XIX, el arsénico se usaba frecuentemente para crear un pigmento verde, el «Verde de París». Este se aplicaba no solo en libros, sino también en paredes y textiles. La exposición a este elemento puede causar desde síntomas leves hasta consecuencias graves para la salud, como el cáncer.

Alarma en las bibliotecas alemanas por la presencia de libros con arsénico

Frente a este escenario, bibliotecas y universidades han adoptado precauciones, incluyendo capacitar al personal bibliotecario y cerrar áreas temporalmente para valorar los riesgos. Es crucial reconocer el valor de estas medidas, que buscan no solo conservar el patrimonio cultural, sino también salvaguardar la salud pública. Las investigaciones siguen en curso para comprender la magnitud del problema y hallar soluciones adecuadas.

Los primeros estudios muestran que el riesgo de los libros con arsénico en bibliotecas es bajo para las personas, tanto usuarias como empleadas, si se siguen las normas habituales. En general, el peligro de manejar material bibliográfico antiguo se considera mínimo. Las bibliotecas con colecciones de 1800 a 1900, especialmente aquellas con tapas o bordes verdes, son las más afectadas, aunque aún no sabe cuántos libros están implicados. La Asociación de Bibliotecas Alemanas (dbv) recomienda seguir su guía sobre conservación. Mantener la higiene es esencial, como lavarse las manos y evitar tocarse la cara. La utilización de estos volúmenes históricos varía según la evaluación de riesgo, pudiendo necesitarse guantes, mascarillas y gafas, dependiendo de la exposición.

Los primeros estudios han demostrado que no supone una carga mayor para las personas en las bibliotecas (ni para los usuarios ni para los empleados) si los volúmenes de las bibliotecas se utilizan según las normas habituales y de forma adecuada. En general, según las evaluaciones actuales, se puede suponer que el riesgo de utilizar material histórico de la biblioteca es bajo.

El hallazgo de arsénico en libros paraliza parte de las colecciones de las bibliotecas alemanas

En la Biblioteca de la Universidad de Düsseldorf, unos 15.000 volúmenes anteriores a 1900 están al alcance del público. Representan menos del uno por ciento de todo el acervo histórico y normalmente no se prestan. Específicamente, los libros del siglo XIX con cubiertas o detalles en verde pueden contener arsénico, debido al pigmento «Verde de París». «Revisaremos pronto estos 15.000 volúmenes de libre acceso, retiraremos los que puedan estar contaminados y los guardaremos para analizar», indica Kathrin Kessen, directora de la ULB. «Solo tras las pruebas sabremos cuántos están realmente contaminados. Esperamos que sean pocos». Por otro lado, la Universidad de Bielefeld también ha reaccionado de inmediato, suspendiendo el préstamo de 60.000 obras del periodo en cuestión, sin distinción de color.

Informaremos inmediatamente a las personas que hayan tomado prestados libros y revistas del siglo XIX y les indicaremos cómo manejarlos. Los libros de acceso abierto se retiran gradualmente, se almacenan inicialmente y se revisan posteriormente. Los libros que son inofensivos se devuelven al inventario. […] No sabemos cuántos de los 60.000 volúmenes están realmente afectados, probablemente menos del 10 por ciento. Tenga cuidado de no sacar libros viejos de los estantes. Primero consulte el catálogo para ver si el libro está bloqueado.

Fuente: Universidad de Bielefeld

Este descubrimiento ha generado alarma en Alemania y sus bibliotecas. Es crucial que estas instituciones y su personal apliquen los protocolos establecidos para manejar materiales peligrosos, una práctica que seguramente ya implementaban al identificar libros con riesgo. Este desafío no es único de Alemania; bibliotecas alrededor del mundo podrían enfrentarlo. Por ello, resulta esencial que todas las bibliotecas detecten y gestionen adecuadamente los libros que contengan arsénico.

Más información: Universität Bonn | Universität Leipzig |