El préstamo siempre ha estado en el centro de la actividad bibliotecaria. Las bibliotecas llevan mucho tiempo compartiendo libros, revistas, películas y otros documentos para que cualquier persona pueda utilizarlos sin necesidad de comprarlos. Sin embargo, algunas están ampliando esta idea e incorporando a sus colecciones instrumentos musicales, herramientas, juegos de mesa, dispositivos tecnológicos y otros objetos de uso cotidiano. El objetivo no es sustituir los libros ni convertir las bibliotecas en almacenes de objetos, sino aprovechar su experiencia en la gestión de recursos compartidos para responder a nuevas necesidades de la comunidad. Una ampliación del préstamo que puede abrir posibilidades interesantes, siempre que tenga sentido para las personas a las que se dirige.
Esta forma de compartir recursos está relacionada con las llamadas «bibliotecas de las cosas», conocidas internacionalmente como libraries of things. Algunas bibliotecas han adoptado esta filosofía para ofrecer el préstamo temporal de objetos que, en muchas ocasiones, compraríamos para utilizarlos unas pocas veces. Una herramienta para realizar una reparación, un instrumento musical para aprender a tocar o un dispositivo tecnológico necesario para desarrollar una actividad pueden pasar de unas manos a otras. Aunque el concepto es relativamente sencillo, las experiencias bibliotecarias son muy diferentes. Algunas amplían sus colecciones con materiales de uso cotidiano, mientras que otras desarrollan servicios más especializados, vinculados a la educación, la cultura o las necesidades de determinados colectivos.
La propuesta resulta interesante porque conecta con algo que las bibliotecas llevan haciendo desde hace mucho tiempo: facilitar el acceso a recursos que pueden aprovechar muchas personas. Sin embargo, prestar objetos también plantea nuevas responsabilidades. Hay que adquirirlos, conservarlos, revisar su estado, establecer condiciones de uso y disponer de personal que pueda gestionar el servicio. Además, no todas las comunidades necesitan los mismos recursos ni todas las bibliotecas cuentan con posibilidades para ofrecerlos. Por eso, antes de incorporar cualquier objeto a una colección, conviene hacerse una pregunta: ¿Hasta dónde puede ampliar una biblioteca la idea de compartir recursos sin perder de vista su misión, sus posibilidades y las necesidades reales de su comunidad?
El préstamo bibliotecario puede ir más allá de libros y películas
Compartir recursos forma parte de la propia naturaleza de las bibliotecas. El préstamo, como se recoge entre las funciones básicas de las bibliotecas públicas, permite que un mismo material sea utilizado por numerosas personas a lo largo de su vida útil. Extender esta posibilidad a determinados objetos no supone necesariamente alejarse de la actividad bibliotecaria, especialmente cuando esos materiales facilitan el aprendizaje, la participación cultural o el acceso a la información.
De hecho, el préstamo de objetos tampoco es completamente nuevo. Los lectores de libros electrónicos, los ordenadores portátiles o determinados materiales de apoyo llevan tiempo presentes en diferentes bibliotecas. La novedad está en ampliar las posibilidades a otros ámbitos de la vida cotidiana. No se trata de que todas las bibliotecas presten de todo, sino de identificar qué recursos pueden complementar sus servicios habituales. Una biblioteca puede encontrar sentido al préstamo de instrumentos musicales y otra al de juegos de mesa. Lo importante es que exista una necesidad que justifique su incorporación.
Qué son las bibliotecas de las cosas y cómo funcionan
El concepto de biblioteca de las cosas hace referencia al préstamo temporal de objetos que pueden ser utilizados por distintas personas. Cuando una biblioteca incorpora este modelo a sus servicios, aprovecha procedimientos que ya conoce: disponer de una colección, organizarla, establecer condiciones de préstamo, gestionar reservas y facilitar las devoluciones.
La principal diferencia está en los materiales que circulan. Compartir objetos permite aprovechar recursos que no necesitamos permanentemente, evitar determinadas compras y facilitar nuevas experiencias. Algunas bibliotecas incorporan estos materiales a su catálogo habitual, mientras que otras crean colecciones específicas. Lo interesante no es tanto el nombre que recibe el servicio como su utilidad para las personas. Tampoco hace falta desarrollar una colección enorme. Un pequeño conjunto de objetos bien seleccionados puede resultar mucho más útil que una oferta amplia que apenas se utiliza.
Bibliotecas españolas que ya prestan algo más que documentos
Una de las experiencias más completas se encuentra en la Universidad de Alicante, cuya Biblioteca Universitaria dispone de la Usoteca. Este servicio permite a la comunidad universitaria solicitar materiales como cámaras, micrófonos, juegos de mesa, prismáticos, herramientas y otros objetos. La colección se gestiona principalmente desde la Mediateca, aunque algunos recursos están disponibles en otras bibliotecas del campus. Resulta especialmente interesante porque combina materiales relacionados con el aprendizaje y la actividad académica con otros destinados al ocio o a necesidades puntuales. Además, permite incorporar objetos mediante donaciones y ha desarrollado un sistema de fichas para facilitar su identificación y préstamo.
Otro ejemplo, con una trayectoria mucho más larga, es la Biblioteca Musical Víctor Espinós de Madrid. Esta biblioteca pública especializada ofrece gratuitamente instrumentos musicales a personas empadronadas en Madrid que cursan estudios de música. Entre los materiales disponibles figuran violines, violonchelos, clarinetes, flautas y guitarras. El servicio funciona mediante convocatorias y la disponibilidad es limitada. En este caso, el préstamo responde a una necesidad muy concreta: facilitar el acceso a instrumentos necesarios para la formación musical, cuya adquisición puede representar un gasto importante para las familias.
Las bibliotecas públicas municipales también ofrecen experiencias interesantes, aunque de menor alcance. La Biblioteca Municipal Amelia Asensi Bevià de Sant Joan d’Alacant presta juegos de mesa, lectores electrónicos y lupas con luz. Los juegos pueden llevarse a casa durante quince días y las lupas están disponibles para personas con carné de la red bibliotecaria valenciana mayores de trece años. Son materiales diferentes, pero permiten ampliar las posibilidades de ocio, lectura y acceso a recursos de apoyo sin necesidad de crear un servicio independiente.
Una propuesta distinta es la de Medialab de Tabakalera, en San Sebastián. Esta biblioteca-laboratorio de creación combina los servicios bibliotecarios con espacios para aprender, experimentar y desarrollar proyectos. Además de libros, revistas, películas y videojuegos, permite llevarse en préstamo dispositivos como videocámaras, tocadiscos o máquinas de coser. Para utilizar el servicio es necesario disponer de la Tarjeta Tabakalera, y el préstamo de dispositivos para utilizar fuera del centro tiene una duración de 72 horas. Su propuesta muestra cómo una biblioteca puede ampliar sus colecciones para facilitar actividades creativas y acercar recursos que no siempre están disponibles en los hogares.
Compartir recursos también puede tener una dimensión social y sostenible
El préstamo de objetos puede contribuir a que más personas accedan a recursos que necesitan ocasionalmente. También puede facilitar nuevas experiencias de aprendizaje, apoyar actividades culturales y favorecer el aprovechamiento colectivo de materiales. En algunos casos, disponer de un objeto compartido permite evitar una compra que difícilmente se justificaría por la frecuencia de uso.
Sin embargo, prestar objetos no convierte automáticamente un servicio en sostenible. Su impacto depende de cuestiones como la duración de los materiales, las reparaciones necesarias, la frecuencia de utilización, los desplazamientos para recogerlos y devolverlos o los recursos empleados para mantenerlos. Un objeto que apenas se presta y necesita un mantenimiento costoso puede aportar menos beneficios de los previstos. La sostenibilidad debe valorarse a partir del funcionamiento real del servicio, no únicamente de las buenas intenciones que lo acompañan.
Qué debe valorar una biblioteca antes de prestar objetos
Ampliar el préstamo requiere algo más que incorporar materiales al catálogo. Hay que decidir quién puede utilizarlos, cuánto tiempo pueden permanecer fuera de la biblioteca, cómo se revisan y qué ocurre cuando se deterioran. Algunos objetos necesitan limpieza, reparaciones, instrucciones de uso o medidas de seguridad específicas. También hay que contemplar posibles responsabilidades, costes de reposición, necesidades de almacenamiento y tiempo de trabajo del personal bibliotecario.
Antes de poner en marcha una iniciativa de estas características, sería recomendable escuchar a la comunidad, identificar necesidades y comenzar con una colección pequeña que permita evaluar la demanda. Las alianzas con asociaciones, centros educativos u otros servicios municipales pueden facilitar su desarrollo. Y conviene recordar algo importante: un préstamo de objetos no debería comprometer los recursos necesarios para mantener las colecciones y servicios habituales. Una propuesta interesante sobre el papel puede resultar poco viable si no cuenta con medios suficientes para mantenerse.
El futuro del préstamo depende de las necesidades de cada comunidad
Las bibliotecas no necesitan prestar herramientas, instrumentos musicales o cualquier otro objeto para demostrar que están evolucionando. Su valor no depende de la cantidad de servicios que incorporan, sino de su capacidad para responder a las necesidades de las personas.
Ampliar el préstamo puede ser una buena oportunidad cuando existe una demanda real y recursos para atenderla. Al fin y al cabo, las bibliotecas llevan mucho tiempo demostrando que compartir es una forma de facilitar el acceso a la cultura, el conocimiento y nuevas oportunidades. Lo importante es saber cuándo tiene sentido dar un paso más.
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