El manga, el cómic y la novela gráfica están ganando lectores y presencia en las bibliotecas, y el movimiento se nota especialmente entre niños, adolescentes y jóvenes. Los últimos datos disponibles muestran que el 14,3 % de la población española de 14 años o más lee cómics al menos una vez al trimestre, un porcentaje que ha crecido un 38 % desde el año 2020. Entre los 14 y los 24 años alcanza el 25,4 %. En las bibliotecas municipales de Madrid, además, los mangas japoneses encabezaron en 2024 el ranking de préstamos tanto entre público adulto como infantil. La respuesta bibliotecaria empieza a ser visible en forma de colecciones más cuidadas, comictecas, clubes de lectura, talleres de dibujo y actividades relacionadas con la cultura del cómic.
La tendencia no se limita a las bibliotecas. El avance del informe Comercio Interior del Libro en España 2025 muestra que los cómics, tebeos y novelas gráficas facturaron 97,29 millones de euros en papel, un 38,6 % más que el año anterior, el mayor incremento porcentual entre las grandes materias recogidas en el estudio. Son datos de venta, no de lectura ni de préstamo, pero ayudan a entender por qué cada vez hay más títulos, más público y también más demanda alrededor de estos formatos.
Para las bibliotecas hay aquí una oportunidad que va bastante más allá de comprar más manga. Se trata de observar qué está leyendo la comunidad, facilitar que encuentre esas obras y aprovechar esa primera conexión para acompañarla después hacia autores, géneros y formatos diferentes. No hay que elegir entre manga y novela, entre cómic y poesía o entre novela gráfica y ensayo. Se trata de crear caminos entre lecturas.
El cómic tiene una presencia especialmente alta entre los lectores jóvenes, pero no es una lectura exclusivamente juvenil
Los datos del Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2025 permiten ver con bastante claridad el componente generacional. Lee cómics al menos trimestralmente el 25,4 % de las personas de 14 a 24 años y el 19,7 % de las que tienen entre 25 y 34 años. El porcentaje desciende progresivamente en los siguientes grupos de edad hasta situarse en el 7 % entre los mayores de 65 años. Al mismo tiempo, casi la mitad de la población de 14 a 24 años, el 48 %, afirma haber acudido a una biblioteca durante el último año.
Esto convierte al cómic en un terreno interesante para trabajar con una etapa en la que las bibliotecas llevan años buscando nuevas maneras de mantener la relación creada durante la infancia. Pero reducir todo el fenómeno al público juvenil sería quedarse corto. La Red de Bibliotecas Públicas Municipales de Madrid mantiene para 2026-2027 un club de lectura de novela gráfica dirigido a personas adultas en la Biblioteca Manuel Vázquez Montalbán. La Biblioteca Central de Cantabria también dispone de un club estable dedicado al cómic cuya inscripción se encuentra completa.
Quizás esa diversidad sea una de las mejores pistas para las bibliotecas. No existe un único lector de cómic, igual que no existe un único lector de novela.
La combinación de imagen y texto puede facilitar el encuentro con lectores que buscan otras maneras de entrar en una historia
Una de las fortalezas del cómic es que obliga a leer de otra manera. Hay que relacionar imágenes y palabras, interpretar lo que sucede entre viñetas, seguir secuencias, reconocer expresiones, comprender símbolos y reconstruir parte de la historia con información que no siempre aparece escrita. Que haya dibujos no convierte automáticamente la lectura en sencilla.
Un estudio del National Literacy Trust realizado con más de 64.000 niños y jóvenes británicos de entre 8 y 18 años encontró que el 40,3 % leía cómics o novelas gráficas al menos una vez al mes. También observó una mayor implicación con la lectura entre quienes leían cómics. Los datos proceden del Reino Unido y no pueden trasladarse directamente a España, pero resultan interesantes para entender el potencial que estos formatos pueden tener dentro de las estrategias de promoción lectora.
A esto se añade otro elemento difícil de medir. Muchos lectores llegan a determinados personajes y universos a través de caminos diferentes. Una serie de animación, una película, un videojuego, una recomendación en redes sociales o una conversación entre amigos puede terminar llevando hasta un manga o una novela gráfica. La biblioteca puede aprovechar esas conexiones en lugar de esperar que todos los itinerarios lectores empiecen de la misma manera.
Las bibliotecas están pasando de tener cómics en las estanterías a crear comunidades alrededor de ellos
Hay bibliotecas españolas que llevan años trabajando en esta dirección. La Biblioteca Regional de Murcia cuenta con una Comicteca inaugurada en 2003 y diferenciada entre colección adulta e infantil y juvenil. El cómic también está presente en sus bibliobuses, maletas viajeras, exposiciones y clubes. Durante el curso 2025-2026 impulsó además un club virtual de cómic centrado en novela gráfica en colaboración con estudiantes de la Universidad de Murcia y bibliotecas de Salamanca y Oviedo.
Pero también están apareciendo iniciativas nuevas. La Biblioteca Pública Municipal Iván de Vargas de Madrid estrena en octubre de 2026 Multiverso, un club de cómic para jóvenes a partir de 14 años que combina obras americanas, europeas, españolas y manga. La Biblioteca del Sud de Sabadell ofrece esta temporada un club de manga para jóvenes de 12 a 16 años y la Biblioteca Pilarin Bayés de Vic incorpora otro dirigido al alumnado de ESO. Son propuestas que convierten una afición individual en conversación, recomendación y descubrimiento compartido.
También hay espacio para la creación. Durante 2026 las bibliotecas públicas de la Comunidad de Madrid han organizado talleres como Making Manga avanzado en la Biblioteca José Hierro, Illustrating Manga en la Rafael Alberti o un mural manga en la Biblioteca Javier Marías. En este último caso, los participantes debían primero buscar en la propia biblioteca un manga que les gustara y después trabajar a partir de él. La colección se convertía así en el punto de partida de la actividad.
Un manga puede ser el principio de un itinerario lector mucho más amplio
Una persona que entra buscando una serie concreta puede salir únicamente con ese volumen. Y no pasa absolutamente nada. La fidelización lectora no consiste en intentar que abandone cuanto antes aquello que le gusta.
La mediación aparece después. Como ocurre con otras funciones básicas de las bibliotecas públicas, fomentar la lectura también implica crear oportunidades para que cada persona encuentre su propio camino lector. Una biblioteca puede relacionar ese manga con otras obras del mismo género, pasar de ahí a autores japoneses diferentes, recomendar cómic europeo o español, conectar una adaptación gráfica con la novela original o utilizar un tema compartido para llegar a narrativa, divulgación, historia o ensayo. La recomendación funciona mejor como puente que como corrección del gusto lector.
El planteamiento de Multiverso resulta interesante precisamente por eso. Un mismo club propone cómic americano, europeo, español y manga. Quien llega atraído por una tradición puede terminar conociendo las demás. Es una manera sencilla de ampliar referencias sin presentar unas lecturas como superiores a otras.
Escuchar la demanda y cuidar la colección puede convertir este interés en una relación duradera con la biblioteca
Responder al crecimiento del manga y del cómic no debería consistir únicamente en llenar una estantería con las series más conocidas. Hace falta observar préstamos y reservas, detectar qué volúmenes faltan en las series, renovar ejemplares muy utilizados, ordenar las colecciones de una forma comprensible, señalizarlas bien y preguntar a los propios lectores qué están buscando. También conviene combinar novedades con fondo, distintos orígenes, temáticas, edades y estilos.
Hay señales de que este trabajo está adquiriendo más peso dentro del propio sector bibliotecario. El Consejo de Cooperación Bibliotecaria cuenta desde 2024 con un Grupo de Trabajo de Comictecas, que está trabajando, entre otros objetivos, en el asesoramiento a bibliotecas, la relación con el sector editorial, la dinamización y el mapeo de comictecas españolas. El Plan de Fomento de la Lectura 2026-2030 del Ministerio de Cultura también contempla un mayor apoyo a la difusión del cómic y el refuerzo de las actividades de lectura destinadas a adolescentes.
La cuestión, por tanto, no es perseguir una moda editorial. Es incorporar la escucha de la comunidad al desarrollo de la colección y a la programación cultural. Si un manga tiene veinte reservas y permanece constantemente prestado, esa información también está diciendo algo sobre la biblioteca que quieren utilizar sus lectores.
La biblioteca también puede empezar por aquello que las personas ya quieren leer
Quizás esa sea la enseñanza más interesante de todo este crecimiento. El manga, el cómic y la novela gráfica pueden atraer a nuevos lectores, recuperar a otros que se habían alejado y ofrecer motivos para que niños y adolescentes sigan encontrando un lugar propio en la biblioteca.
A partir de ahí empieza el verdadero trabajo bibliotecario de acompañamiento, conversación y descubrimiento. Cuando una biblioteca presta atención a lo que las personas quieren leer no está rebajando sus objetivos lectores. Está encontrando nuevas formas de llegar hasta ellas y, desde ahí, abrirles caminos hacia otras muchas lecturas.

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